Artículo de investigación1
El Cabildo de Buenos Aires y la
economía rural: las recogidas de
ganado y el abasto dentro de su
jurisdicción, 1723-1750
Mauro Luis Pelozatto Reilly 2
Resumen
El siguiente trabajo consiste en un análisis de las medidas
políticas tomadas por el Cabildo de Buenos Aires entre 1723 y
1750 dentro de su jurisdicción, orientadas fundamentalmente a
la provisión del mercado de la ciudad y la producción rural,
tanto para el ámbito interno como para la exportación. En el
mismo se tendrán en cuenta las características de las
decisiones tomadas regularmente por los alcaldes en dichos
territorios, analizando también las características de las
diferentes explotaciones rurales, con el objetivo de apreciar el
grado de importancia que tenía, en ese entonces, dicha
producción y sus resultados para la población urbana y rural.
Palabras claves
Cabildo de Buenos Aires – recogidas de ganado – abasto de carne –
cueros – economía rural
Si uno recorre las zonas rurales del territorio que corresponde hoy en
día a la Provincia de Buenos Aires, o si se remonta aún más en el
tiempo, leyendo las descripciones de algunos de los innumerables
trabajos que se han realizado sobre historia rural (e inclusive si toma los
manuales de historia ‘‘tradicionales’’), o bien si lee algún pasaje de la
literatura gauchesca decimonónica, es prácticamente imposible pasar
por alto una cosa: el carácter fundamentalmente rural de la región
bonaerense, llamada convencionalmente ‘‘pampeana’’, al menos hasta
bien entrado el siglo XVIII. Éstas características ambientales se
corresponden con la organización de su economía y de la población
durante la primera mitad del siglo XVIII. En ese contexto, para las
poblaciones del Litoral Rioplatense (y en el caso de este estudio, las de la
jurisdicción del Cabildo de Buenos Aires), la producción rural era
fundamental, tanto para el abastecimiento de productos centrales en la
alimentación y el consumo cotidianos (carne, grasa, sebo, etc.), como
para la obtención de bienes primarios comercializables en otros puntos y
regiones del Virreinato del Perú (como por ejemplo el ganado en pie –
tanto mular como vacuno que se vendía en los mercados del Norte),
como también así para la exportación (primordialmente cueros, que
para la época que se desea analizar aquí, constituían –aunque muy por
debajo de la plata altoperuana, el principal producto rural de
exportación desde el puerto de Buenos Aires). Por eso se ha elegido
estudiar, a partir de esta idea, las medidas del Cabildo de Buenos Aires
con respecto a la ganadería vacuna.
La problemática sobre la cual gira el presente proyecto de
investigación consiste, justamente, en poder apreciar e interpretar
analíticamente las medidas tomadas por los funcionarios capitulares (alcaldes representantes del gobierno municipal) precisamente sobre las prácticas más importantes en la economía rural de la época: organización de las recogidas de ganado, la otorgación de licencias para hacer matanzas y productos derivados, entre otras, las cuales serán desarrolladas más adelante. Por otra parte, es necesario entender a estas órdenes y decisiones como medidas de alcance local, emitidas justamente para resolver cuestiones locales: la producción ganadera en los diferentes pagos pertenecientes a la jurisdicción y las necesidades de los vecinos que a ésta correspondían, como motor principal para dichas medidas gubernamentales.
Antecedentes
En la actualidad se dispone, lamentablemente, de pocas
investigaciones consistentes cuyas temáticas principales sean el
Ayuntamiento de Buenos Aires y las medidas que se tomaban desde allí
sobre la organización y regulación de la producción y el comercio
pecuarios. La gran mayoría de los autores y especialistas que han
estudiado acerca de esta región, aunque no lo hicieron precisamente
sobre el tema tratado en este proyecto (historiadores que se
especializaron en la región y sus características durante la Época
Colonial), coinciden en la importancia que siempre han tenido sus
condiciones ambientales y climáticas, en el marco de una economía
principalmente agrícolaganadera. Comparten también en que se trata (y
siempre se ha tratado), de una amplia región con ‘‘subregiones’’ muy
diversas (las zonas más cálidas del Norte de la Provincia, las serranías
de Tandil, las grandes extensiones de llanuras, etc.). Sin dudas, se habla
en este caso de un espacio apto para las prácticas agrarias y pecuarias,
tanto por su clima como por la enorme disponibilidad de tierras, que
había sobre todo en el período que se analizará en este artículo. Según Jorge Gelman y Juan Carlos Garavaglia, quienes sostienen la medular
importancia de la zona para la economía, ‘‘el desarrollo del agro
pampeano no se inicia de golpe, como resultado de un cambio
institucional3, sino que se trata de un lento proceso, que se abre paso
durante el período colonial adaptándose a una serie de condiciones de
Antiguo Régimen y que se consolida en el siglo XIX, incorporando las
novedades, pero manteniendo una serie de rasgos que supo construir a
largo plazo’’4. Se trae esta cita porque tiene que ver con el objeto de
estudio de este trabajo: observar, en primer lugar, las medidas tomadas
por el Cabildo de Buenos Aires sobre la producción pecuaria dentro de
las actividades productivas a nivel local y regional hacia mediados del
siglo XVIII, en el marco del ‘‘Antiguo Régimen’’ 5, basadas
fundamentalmente en las explotaciones de productos agropecuarios
para diversos fines, las cuales supieron desarrollar ciertos rasgos que
perduraron en el futuro de la economía rioplatense y luego argentina.
Sin embargo, planteos de otros historiadores como Tulio Halperín
Donghi y Carlos Mayo, motivan a investigar más a fondo acerca de las
características del espacio rioplatense (y las áreas locales que lo
componen) y su economía durante la época de la colonia. Ambos
coinciden, en que lejos de ser próspera y de producción abundante, la
‘‘pampa’’ bonaerense no era, promediando el siglo XVIII, ‘‘la principal
zona ganadera del litoral ni, al parecer, la más apta. Era inútil buscar en la llanura colonial bonaerense la prosperidad y el rol protagónico que
luego, andando el siglo XIX, llegaría a tener’’ 6. Por su parte, Juan Carlos
Garavaglia afirma que Buenos Aires, era hasta bien entrado el siglo
XVIII, una pobre aldea, rodeada por una abundante tierra fértil, un
clima y un régimen hídrico muy favorables para la cría de grandes
animales y la producción de cereales7. Este trabajo tratará de tener en
cuenta estas características a la hora de llevar a cabo el análisis de las
medidas tomadas por el Ayuntamiento de Buenos Aires en relación a las
prácticas económicas ganaderas que se podían denominar importantes
para todos los vecinos en este marco. Es por eso que las resoluciones y
órdenes de los cabildantes se analizarán bajo dos ejes centrales: a) las
recogidas de ganado y el abasto de la ciudad; y b) la producción de
cueros para el comercio de exportación, haciendo mayor hincapié sobre
el primero, debido a su importancia para la economía y sociedad locales.
Hipótesis y objetivos
La hipótesis central de este trabajo consiste en afirmar que:
El Cabildo de Buenos Aires funcionó, durante el período analizado
(1723-1750), como una institución activa en lo que respecta a la toma
de medidas políticas económicas, regulando la explotación y
distribución del ganado.
Para la realización de esta investigación y para tratar de comprobar
la hipótesis anteriormente formulada, se han planteado los siguientes objetivos de trabajo:
Describir y analizar las diferentes funciones del Cabildo de Buenos
Aires como organizador y regulador de la producción rural.
Detallar y examinar, desde una perspectiva histórica, las distintas
medidas reguladoras llevadas a cabo por esta institución, haciendo
hincapié en las vinculadas a la producción y el consumo de
productos pecuarios.
Explicar la importancia del ganado y la propiedad/usufructo sobre
el mismo para los vecinos de la jurisdicción.
Elaborar algunas conclusiones acerca de la importancia de éstas
actividades productivas, tanto para el gobierno municipal como
para la población.
Identificar y analizar algunos de los problemas vinculados a la
elaboración de productos rurales, y cómo el Ayuntamiento trató de
compensarlos.
Metodología y fuentes
Desde el punto de vista metodológico, esta investigación se
concentrará, casi exclusivamente, en la recopilación, selección, lectura
crítica y análisis de documentos escritos correspondientes al período
17231750, con el fin de llegar a algunas reflexiones sobre el tema. Se
trata de compilados de fuentes históricas oficiales, en el sentido que
muestran directamente lo que ha quedado registrado en las sesiones del
Cabildo de Buenos Aires, y las diferentes correspondencias de
funcionarios locales que llegaban hasta el Ayuntamiento de la ciudad.
Por otra parte, es preciso aclarar el recorte temporal que se hizo: tiene
que ver directamente con la extinción de las vaquerías en esta región del litoral rioplatense (desde 1723 empiezan a ‘‘desaparecer’’ de los
testimonios disponibles las vaquerías ‘‘tradicionales’’), y se ha decidido
finalizar el mismo justo a mediados del siglo XVIII, para no extender
demasiado el mismo, puesto que ya desde la mitad de dicha década, la
jurisdicción capitular de Buenos Aires pierde dominios con los nuevos
Cabildos de Montevideo y Luján, mientras que se consolidaron otro tipo
de prácticas ganaderas de diferente organización y estructuras, como la
estancia colonial y las recogidas de ganado organizadas para diversos
fines como el abasto de carne, hacer corambre para el comercio exterior,
u obtener diferentes efectos para consumo local.
La economía rioplatense hacia la primera mitad del siglo XVIII:
una breve caracterización
La extinción del ganado cimarrón y las recogidas de ganado
organizadas por el Cabildo
Sin dudas, 1580 es un año central para lo que le compete a este
trabajo, por varias razones: en primer lugar, porque es el año de la
fundación de Buenos Aires (la conocida como ‘‘segunda fundación’’ y
definitiva), la cual pronto se convirtió ‘‘en un puerto de tráfico lícito e
ilícito entre el Atlántico y el camino de Potosí’’8, principalmente como
punto de salida de productos provenientes del interior del Virreinato
del Perú9, con la particular importancia que tenía la plata potosina para
el mercado ‘‘mundial’’. A su vez, el desarrollo del puerto pronto obligó
a las autoridades coloniales de Lima a establecer guarniciones con
mayor regularidad, así como también un Cabildo (gobierno municipal), el cual funcionó desde las primeras décadas del siglo XVII con
funcionarios que teóricamente se encontraban por debajo de Su
Majestad, el Virrey y el Gobernador. Como consecuencia de esto, se
inició ‘‘un proceso de ocupación del Hinterland agrario de la ciudad en
función, en primer lugar, de la alimentación de sus habitantes y es así
como se forman las primeras chacras trigueras en su inmediata
campaña’’10.
En segundo lugar, junto con la instauración de la ciudad portuaria,
los colonizadores introdujeron ganado vacuno y equino proveniente del
Litoral, el Paraguay y algunos puntos del interior del Virreinato
(Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero, etc.). Esto sería crucial para la
configuración del sistema económico colonial y para el crecimiento
agrario de la región rioplatense, siendo la demanda de alimentos y
medios de transporte (destinados a los diversos mercados internos,
desde la ciudad de Buenos Aires hasta Lima y el Alto Perú, pasando por
puntos clave como Córdoba, Salta y el Tucumán), y de algunos
productos para el mercado exterior (sobre todo los cueros de toro), los
elementos dinamizadores del sistema11.
En lo que concierne a la explotación del ganado, se debe resaltar que,
debido a las características del espacio ‘‘pampeano’’ ya antes
mencionadas, y de dichos animales traídos por los españoles (enorme
abundancia de tierras y de animales, más allá de los condicionamientos
impuestos por los frecuentes períodos de secas), nació el sistema de
ganadería destructiva conocido como ‘‘vaquerías’’, las cuales, básicamente, consistían en la caza del ganado cimarrón 12 y la extracción
de la piel prácticamente en el momento. A su vez, gracias a la dispersión
de las numerosas yuntas como consecuencia de las sequías frecuentes,
podría decirse que la cría ocupaba un lugar muy marginal, ya que el
ganado era librado a pastar y reproducirse libremente. El mismo iba
alejándose de la ciudad buscando mejores pastos y aguadas cada vez
más hacia el oeste, y para recogerlo se debían organizar partidas de
hombres. Según Carlos Mayo, los tiempos de falta de agua fueron
fundamentales para la dispersión del ganado, no solamente a comienzos
del período colonial, sino que los mismos continuaron por lo menos
hasta bien entrado (y durante) el siglo XVIII (el autor menciona registros
de sequías en 1740, 1742, 1760, 1764, 1766 y 1768, mientras que las
décadas de 1770 y 1780 no fueron mejores13).
Pero todavía a principios del siglo XVIII predominaban las
vaquerías, aquellas expediciones de vecinos y peones armados que
salían por la campaña en busca del ganado salvaje, práctica que ‘‘tuvo
su origen en los animales que huyeron de los rodeos de los
conquistadores y sus descendientes y, por lo tanto, nunca fue
considerado un bien mostrenco, sino pertenecientes a los vecinos que
tenían estancias pobladas cuando aquellos comenzaron a alzarse’’ 14.
Las primeras explotaciones de este tipo registradas datan de
principios del siglo XVII: ya en 1608 el Cabildo de Buenos Aires
otorgaba permiso para recoger ganado ‘‘alzado’’ a Francisco Maciel,
vecino de la ciudad15; desde 1609, para evitar la matanza indiscriminada,
comenzó a matricular propietarios y reconocerles la acción sobre las
vaquerías16. De esta manera, se ve que ya desde esa época tan temprana,
el Ayuntamiento se ocupaba de regular las matanzas de ganado. Éstas
consistían básicamente en la caza de vacunos (principalmente toros,
puesto que se trataba de no matar a las vacas, para que pudiesen
continuar con la reproducción) a campo abierto, encabezadas por
grupos de jinetes armados, que por lo general comenzaban por cortarles
los tendones de las patas a los animales, con una especie de ‘‘media
luna’’ de metal, para que cayeran y así poder capturarlos fácilmente,
para finalizar con la ejecución y posterior extracción de las pieles. Tulio
Halperín Donghi define muy bien esta forma de usufructuar el bovino
salvaje, refiriéndose al Litoral rioplatense como una región en la cual
‘‘hasta mediados del siglo XVIII ha dominado una ganadería
destructiva, que caza y no cría el vacuno’’ 17.
Sin embargo, hacia comienzos del siglo XVIII, la extinción del
cimarrón era ya progresiva, como consecuencia (justamente, como
marcaba Halperín Donghi), de la explotación desmedida llevada a cabo
por los pobladores de Buenos Aires, los vecinos de otras provincias y lo arreos realizados por los ‘‘indios’’18, agotándose prácticamente en la
campaña de Buenos Aires promediando la década de 1720. Este
agotamiento daría como resultado la consolidación de nuevas formas de
organizar, matar y aprovechar los derivados del ganado vacuno: las
recogidas organizadas por el Cabildo porteño y los vecinos propietarios,
y el asentamiento de las cabezas de ganado recolectadas en propiedades
territoriales (repoblamiento de estancias). Emilio Coni, en un trabajo
dedicado a las vaquerías, sostiene que la estancia colonial nació como
resultado de la extinción del cimarrón en estos pagos, argumentando
que ‘‘no es aventurado pensar que los vecinos, mientras tuvieron
ganado silvestre en cantidad y a la mano, prestaron poca atención a la
cría del doméstico. Por esto la desaparición de esa clase de hacienda los
encuentra con un stock doméstico sumamente reducido’’19.
En cuanto a la fecha de finalización de las vaquerías en esta
jurisdicción, no se puede afirmar nada como verdaderamente cierto.
Según Harari, la última vaquería que salió por el puerto de Buenos Aires
fue en 1718, con un total de 20.000 cueros20, los cuales fueron
exportados. Se tienen algunos testimonios que indican la ausencia de
prácticas vaqueras de este tipo en la campaña bonaerense desde 1723:
ese año, se presentó ante el Cabildo una petición del Procurador
General, don Juan de Ribas, en la cual hacía referencia al estado de la
campaña en ese momento y a la escasez de ganado vacuno, pidiendo
que se hiciera una corrida general en las pampas. Teniendo en cuenta que las tierras se encontraban en tiempos de cultivo, los capitulares no
vieron conveniente hacer esa recorrida. Se prefirió mandar a cinco
personas (tres españoles y dos ‘‘indios’’) para que reconocieran los
campos y que luego informaran sobre su estado 21. A fines de ese mismo
año, Diego Ramírez Flores presentó una solicitud al Ayuntamiento,
pidiendo acción sobre el ganado cimarrón, la cual fue derivada a
discusión entre las partes interesadas22, justamente por la falta que había
del mismo.
Por el contrario, también se habla de ‘‘vaquerías’’ con mayor
frecuencia en otros puntos de la jurisdicción, como la Banda Oriental: en
1724 se leyó un memorial de Jorge Burjes en el cual pedía que se
prohibieran las recogidas y matanzas de ganado en la zona de
Montevideo, de la cual era poblador23 ; en 1726, los diputados de la
ciudad de Santa Fe presentaron ante el Cabildo de Buenos Aires un
pedido para que se le aplicaran ,de las próximas vaquerías, 6.500
cabezas en vez de las 6.000 que tenían asignadas, por no ser éstas
suficientes para el abasto de dicha ciudad, la cual se encontraba
haciendo la guerra contra los ‘‘indios infieles’’ que hostilizaban las
estancias de la zona. El Concejo aprobó esta petición estableciendo que
cada comprador debía pagar 5 reales por cabeza de ganado 24. Así, se
aprecia como el gobierno municipal se encargaba no solamente de
asignar el permiso para realizar las vaquerías dentro de sus límites territoriales25, sino también de fijar los precios que cada comprador
debía pagar por unidad. Ese mismo año, ordenó que los encargados de
dos vaquerías que se estaban haciendo en la Banda Oriental le
reintegraran el ganado que había recogido de más26; a fines de 1726, se
trató sobre las diligencias formadas por don Gaspar de Bustamante para
hacer conteo de los vacunos que se habían reunido en la campaña de la
Banda Oriental. Se acordó, de común acuerdo, que se diera voz al
Procurador General sobre dichas diligencias y que se informara lo más
rápido posible al Gobernador y Capitán General, para evitar que se
sigan recogiendo vacas antes de que trajeran las que estaban en exceso 27.
Empero, hay que tener cuidado con la utilización del término
‘‘vaquerías’’. En los últimos casos citados, sobre todo en el de las
recogidas organizadas por don Gaspar de Bustamante, se puede
apreciar claramente que no se está hablando de expediciones de caza,
sino de grupos de hombres organizados que salían a la campaña oriental
en búsqueda del ganado disperso para recogerlo. Sin dudas, ya no se
puede hablar del mismo tipo de explotación económica. Evidentemente
algo ha cambiado desde 1723 (al menos por lo que dicen los acuerdos),
debido a la escasez y progresiva extinción de los bóvidos salvajes en los
campos de esta banda28.
Las recogidas de ganado
Ahora bien, estas recogidas de ganado se realizaban por diferentes
motivos. Según Garavaglia, por dos razones centrales: para abastecer la
demanda de carne de la población (urbana y rural) y para extraer los
productos duraderos de consumo y exportación (fundamentalmente
cueros, sebo y grasa). ‘‘Se constata que, al menos desde 1719, se nos
habla del ganado invernado para referirse a los animales que, ya sea que
venían desde la campaña bonaerense o desde la Banda Oriental, estaban
destinados fundamentalmente al abasto de la ciudad’’ 29. De hecho, en
este punto, se podría sostener que el Cabildo se molestaba casi
constantemente por dar el abasto de carne y sus derivados para el
consumo de la población local. Según las fuentes, sacaba a pregonar
(remate) los derechos del abasto de carne a los mejores postores que
quisieran hacerse cargo del mismo, es decir, los que ofrecían más y
mejores ganados, lo cual bien podría ser indicio de propiedad sobre los
mismos por parte de esos vecinos (de hecho, en algunos documentos de
la época se habla de ‘‘vecinos criadores’’ o directamente de
‘‘estancieros’’). Con respecto a esta función del Municipio 30, en 1726 se
presentó un auto proveído por el Gobernador, que hacía referencia a los
pregones otorgados para el abasto de carne en virtud de la postura del
capitán Juan de Rocha, por el que mandó que se hiciera cuanto antes el
remate del mismo, en la persona que fuera más conveniente para ese
fin31. Ese mismo año, don Gerónimo de Escobar pidió licencia para hacer
100 piezas de sebo y grasa en la Banda Oriental en el plazo de dos meses, lo cual le fue concedido, pero con la condición de que trajera esa
cantidad para el abasto de la ciudad. También se le dio permiso bajo las
mismas obligaciones a don Alonso Suárez, quien no especificó la
cantidad que quería producir32. Tiempo más tarde, en 1736, se aprobó la
postura del capitán Luis de Giles, al mismo precio en que se remató el
año anterior33; en 1739, Antonio Orencio de Águila propuso al
Ayuntamiento la mejor postura para el abasto de carne, prometiendo
dar la res en pie a 10 reales y el cuarto de res a 2 (dos)34.
En pocas palabras, el Municipio se encargaba de dar los permisos
para hacer matanzas y extraer productos, aunque casi siempre con el
condicionante de traer dichos géneros para el mercado citadino. Vale
recalcar que no solamente se ocupaba de abastecer la demanda de carne,
sino también de otros productos del vacuno: a fines de 1724, Jorge Burjes
presentó un pedido para hacer grasa y sebo en Montevideo,
prometiendo traer dichos productos para el abasto de Buenos Aires.
Teniendo en cuenta las condiciones, los cabildantes decidieron darle
licencia por cuatro meses35; ese mismo año, le dieron permiso a Tomás
de Soto para hacer sebo y grasa en la Banda Oriental, ya que no había en
ese momento un obligado para el abasto de dichos géneros 36; en 1723 el
Cabildo trató sobre que era conveniente pedir al Gobernador mandar a
romper bando en la Banda Oriental, para que ningún vecino hiciera
cueros sin licencia, ni en la campaña de Buenos Aires ni del otro lado del
Río de la Plata, aunque le compraran los registros a los miembros del Real Asiento37, ya que una Real Cédula le concedía a la ciudad el
derecho de penalizar a quienes lo hicieran38; en 1747 se trató sobre la
Real Orden de que Manuel Warnes cargara de cueros el navío francés
llamado ‘‘La amable María’’. Se le permitió cargar dicho barco con pieles
compradas a productores de Buenos Aires y Montevideo. Esas
transacciones serían controladas por el Cabildo, para evitar los robos y
daños que solían sufrir los vecinos sobre sus ganados, y para que
permitiera solamente hacer matanza a los hacendados y no a gente
‘‘volantona’’39, o sea, aquellos que robaban ganado para vender sus
efectos en forma ‘‘clandestina’’.
Como se puede ver con todo esto, el cuerpo capitular de Buenos
Aires intervenía tomando medidas sobre la producción y
comercialización de cueros, dando licencia a los vecinos que solicitaban
permisos para hacer y embarcar pieles, según lo creyera conveniente, y
en la mayor parte de los casos fijando condiciones. De hecho, las
respuestas a dichos pedimentos no siempre eran las que los
demandantes esperaban: por ejemplo, en 1749, Gabriel Antonio Gómez
pidió permiso para despachar desde Buenos Aires a dos navíos que
aguantasen hasta 350 toneladas. Se lo concedieron, pero se le fijaron
algunas pautas que debía seguir: para cargar la nave con productos de la
jurisdicción, que fueran siempre los más convenientes (que no faltaran
en la región); que pagara los derechos correspondientes por dicha
acción; y que lo hiciera en todas las ciudades en las cuales comprara y cargara productos40.
Otro aspecto en el cual se involucraba el Concejo municipal era,
como se puede notar, la exportación de cueros. Por ejemplo, en 1739
presentó registros de los cueros que salieron del puerto de Buenos Aires
desde 1726 hasta 1731, en los navíos pertenecientes al Real Asiento de
Inglaterra, así como también los que marcharon en los registros
españoles, contabilizando un total de 78.079 pieles de toro 41. Así, este
órgano se ocupaba no solamente de dar permisos para la extracción y
compraventa de cueros (la cual, como se refleja en las cifras, no era para
nada despreciable), sino que además ejercía control sobre las cantidades
que salían vía marítima hacia Europa.
Además, se tienen registros de que el Ayuntamiento actuaba en
forma activa ante las recogidas de ganado, tanto en su organización
como en los permisos que se daban para que las mismas tuvieran lugar.
Se podrían agregar en este punto otros ejemplos correspondientes a las
vaquerías organizadas en esta época (recuérdese que también se
denominaba como ‘‘vaquerías’’ a las expediciones armadas de vecinos
que salían a hacer recogidas del vacuno alzado en los campos de esta
banda y en la Banda Oriental). En 1749, los vecinos del pago de La
Matanza salieron a la campaña a hacer la recogida de los ganados que
allí se hallaban dispersos. Éstos juntaron porciones considerables, sin
marcas ni señales. El Cabildo nombró al Teniente Domingo Díaz para
que cuidara quiénes eran los vecinos que entraban a hacer la recogida
del ganado, y para que les hiciera declarar con qué licencia la habían
realizado. En caso de no tenerla, se ordenó que se embargaran las cabezas de ganado reunidas42. Poco tiempo después, el mismo Domingo
Díaz comunicaba que ya se encontraba en la estancia de Antonio
Gutiérrez, en el pago de La Matanza, para llevar adelante el
cumplimiento de la comisión que se le había otorgado por el Alcalde de
Primer Voto, Juan Gutiérrez de Paz43. Un año antes, el Alcalde
Provincial de la Santa Hermandad, Gaspar de Bustamante, informó al
Ayuntamiento, a modo de consulta, que creía conveniente convocar a
los vecinos de Cañada de la Cruz para organizar la recogida del ganado
disperso44, el cual se había escapado por la falta de agua y buenos
pastos.
Volviendo a las características de estas empresas, hay que resaltar
que, como bien sostiene Juan Carlos Garavaglia, ‘‘paralelo al abasto de
carne para la ciudad y su campaña, están las faenas para hacer cueros,
sebo y grasa’’45, y a medida que se fueron agotando las vaquerías
‘‘tradicionales’’46 por la extinción avanzada del ganado salvaje, los
accioneros de las vaquerías ‘‘fueron perdiendo gradualmente la
posibilidad de usufructuarlo’’47 y fue surgiendo la figura de los
vaqueadores o recogedores quienes, a diferencia de los accioneros, eran
aquellos quienes encabezaban las recogidas de ganado alzado, a los
cuales ‘‘las autoridades otorgaban licencia para hacer corambre’’ 48
(conjunto de cueros, por lo general en importantes cantidades). El Municipio se encargaba de nombrarlos regularmente, como fue el caso
de don Juan de Rocha en 1726 y 1734: en la primera de estas fechas, se
mencionan los desórdenes acontecidos durante las vaquerías en la
Banda Oriental, de las cuales era encargado. Entre otras cosas, se acordó
suplicar a Su Excelentísima49 que librara despacho a su lugarteniente en
Santa Fe, para que éste no permitiera la salida de tropas hacia la ‘‘otra
banda de este río’’50, con la finalidad de que no se recogieran más
ganados51; en 1734, se informó al Cabildo que don Juan de Rocha ya se
encontraba en la ciudad y que no había cumplido anteriormente con las
condiciones pactadas en el remate de las recogidas anuales, las de dar
12.000 cabezas de ganado para el abasto de la ciudad. Se mandó a
informar a dicho encargado para que saliera nuevamente al campo para
traer dentro de seis meses los animales acordados. Además, se le aplicó
una multa de 2.000 pesos52. En 1738, el Procurador General respondía a
una petición del mismo Rocha, describiendo las vaquerías de la
siguiente manera53:
‘‘Diose una petiz.on por dho. Proc.or Gnrl. en q. responde a la
petiz.on pres.da por D.n Juan de de Rocha En el punto de la Vaqueria en
las Campanas del Uruguai; Que vistas y premeditadas las razones
expresadas por dho. Juan de Rocha y atendiendo en equidad a la causa y
q. no ay quien aga postura alguna a la vaqueria del Uruguay y q. es combeniente El q. porsta vecindad se desfrute aquel criadero trayendose
ganado para Criar i abastecer esta Ciu.d supuesto de q. los estraños
están Consumiento dho. criadero; y q. assi la Ziudad tiene por
conveniente el q. se le conseda liz.a p.a q. sin la m.or dilaz.on pase a dha.
otra vanda y haga recoxida de veynte mil Cavezas con la óbligaz.on
presisa de traerlas todas asta Ziudad para dho. abasto lo q. á de cumplir
en diez y seis mses q.corran desde el día / en q. se le conseda la liz.a con
cargo de no exeder y q. se despachara persona ó personas q. Cueten la
tropa a su Costa y dexando en su vixor y fuerza el remate todas sus
condiz.nes favorables y fianza y habiendo de darlas nuevam.te a
satisfax.on de la Ziu.d y q. el s.or Gov.or se sirva aprobar la liz.a y se
lleve por el pres.te ess.no’’54.
La anterior es sin duda una fuente muy rica55, la cual permite sacar,
al menos, algunas conclusiones puntuales sobre las recogidas de
ganado:
1) Las recogidas de ganado eran expediciones grupales
encomendadas por el Cabildo de Buenos Aires, mediante la
concesión de una licencia al ‘‘recogedor’’ (en este caso Juan de
Rocha), la cual era aprobada también por el Gobernador y Capitán
General.
2) Por la cantidad de ganado que se mandaba a ‘‘vaquear’’ (20.000
cabezas), da lugar para pensar que la cantidad disponible en la
región rural de la Banda Oriental era al menos considerable, lo cual no era así en los campos occidentales. Para esta época se hablaba de
escasez y dispersión de los animales en este lado del Río de la Plata.
3) Se trataba de una tarea larga (16 meses en el caso citado), aunque
no consta que todas las recogidas tuvieran esa misma duración.
Este ejemplo nos muestra al menos que la empresa requería de
unos cuantos hombres y de cierta organización previa.
4) En el documento se habla de la idea de traer el ganado juntado
hacia estos pagos para criarlo, lo cual sostiene que para 1738 (por lo
menos), ya se criaban ganados en esta jurisdicción.
5) Según lo que se le ordena al ‘‘recogedor’’, estas actividades estaban
directamente vinculadas con el abasto de carne y otros géneros para
la ciudad. Por eso se le ordenó que juntaran el ganado, lo contaran
y lo trajeran para el abastecimiento local.
Entre otras de las funciones primordiales de esta junta de alcaldes
como reguladora de la producción ganadera, estaba el fijar los precios a
las cabezas de ganado y los diversos efectos (productos) para el
consumo: a comienzos de 1735 se encargó establecer los precios para el
mercado de la ciudad (lo cual se hacía todos los años, frecuentemente a
principios de los mismos)56, ordenando que se vendieran las dos libras y
media de grasa a un real y el arroba de sebo a cuatro57; en 1737, don
Pedro de Zamudio presentó un borrador con los precios de los
productos al por menor, los cuales fueron aprobados y se mandó a hacer
copia de los mismos58. También se esmeraba por controlar los precios de los cueros hechos por los vecinos en la campaña, como puede verse ya
desde el arranque de este período, cuando convocó a cuatro vecinos con
experiencia en las faenas para que analizaran y dijeran los costos que
podrían tener los cueros de toros que se hicieren. Dijeron que por
hallarse las pampas muy destruidas, y por quedar muy poco ganado
vacuno disperso, más la amenaza que representaban los ‘‘indios’’, sería
necesaria una escolta de por lo menos 100 hombres, y los cueros
costarían tres pesos cada uno59, lo cual fue aprobado por el Gobierno
Municipal.
En síntesis, podría argumentarse, luego del análisis de los diferentes
textos y fuentes históricas, que el Cabildo de Buenos Aires era un
órgano activo en relación a las recogidas de ganado y su
funcionamiento, el abastecimiento de carne, sebo y grasa para el
mercado (local y regional), regulando la producción, el comercio y la
exportación de cueros, y sobre las diferentes prácticas económicas
rurales (por ejemplo, dando –o no permiso para concretarlas).
Las estancias del período
Si se tiene la intención de estudiar los establecimientos conocidos
como estancias, el material bibliográfico y las fuentes son más
abundantes y brindan información más clara y un panorama mucho
más amplio. No es el objetivo central de este trabajo analizar las
características de la formación de las estancias ni su organización
interna, lo cual ya se ha aclarado al comienzo, sino llegar a apreciar las
diferentes opiniones de los especialistas para contrastarlas con lo que
dicen las fuentes ‘‘oficiales’’ que se tomaron en este caso.
El primer problema se presenta a la hora de definir lo que era una
estancia en el siglo XVIII, y cuáles fueron sus orígenes. En algo
coinciden la mayoría de los historiadores: se trataba de organizaciones o
unidades productivas de considerable tamaño que contaban con
prácticas económicas de diversa índole al interior de su composición.
Juan Carlos Garavaglia intentó definir la estancia haciendo un modelo
de análisis, al cual llamó ‘‘establecimiento típico’’, que promediaba una
extensión de 2.500 hectáreas y tenía 790 vacunos, 12 bueyes, 300
equinos, 40 mulares y unos 490 ovinos, sacando un promedio entre los
datos obtenidos en los inventarios del período 1751181560; en otro
trabajo junto a Raúl Fradkin, definen a los estancieros (propietarios de
las estancias y las chacras más grandes) como ‘‘ganaderos y agricultores
que producían novillos para el abasto –una parte relevante de los cueros
que salían de Buenos Aires hacia Europa venía de los mataderos
urbanos y trigo para el mercado de consumo de la ciudad, así como
también mulas y vacas para enviar hacia el Alto Perú61. Aparentemente,
en las estancias bonaerenses existía una combinación de actividades y
contenían fracciones de tierras destinadas al cultivo de cereales62. En
pocas palabras, se las define como establecimientos de producción
‘‘mixta’’, en donde se complementaban la agricultura y la ganadería, con
un importante protagonismo de la cría de equinos, yeguarizos, vacunos
y mulares en este último rubro, como se puede observar en los
siguientes registros tomados por Carlos Mayo y Juan Carlos Garavaglia:
El ganado en las estancias (1740-1820)63
Vacunos (59)
Bueyes (42)
Caballos (62)
Yeguas (62)
Mulas (26)
Burros (24)
Cerdos (3)
Establecimiento ‘‘típico’’ (1751-1815)64
Vacunos (790)
Bueyes (12)
Equinos (300)
Mulares (40)
Ovinos (490)
Teniendo en cuenta los dos cuadros, se logra ver, salvando las
distancias cualitativas (toman diferentes recortes temporales y no
analizan el mismo número de estancias) y cuantitativas (por ejemplo, en
las estadísticas de Mayo hay un predominio de los equinosyeguarizos
sobre los vacunos, mientras que en el cuadro hecho por Garavaglia éstos
últimos son, con diferencia, los más predominantes) entre los mismos, algo que es fundamental: el claro protagonismo de la cría del ganado
dentro de las estancias, ya que las cifras anteriormente citadas dan
números poco despreciables para la época. Esto tiene que ver, más que
nada, con dos factores, para el caso del ganado vacuno: la importancia
de estos para el abastecimiento de carne del mercado, y por otra parte,
para hacer cueros destinados a la exportación. Otro dato relevante es la
no escasa presencia de equinos y mulares al menos desde 1750, lo cual
tiene que ver, sin dudas, con el uso de dichos animales para el
transporte y la carga, con el comercio de los mismos entre Buenos Aires
y los mercados del norte, íntimamente vinculados a la producción de
plata en el Potosí (fundamentalmente las mulas, los animales más
capacitados para transporte y carga en zonas de altura). Vale aclarar
aquí que la exportación de plata fue fundamental para el desarrollo de la
ganadería rioplatense hasta por lo menos entrado el siglo XIX, y ‘‘hasta
que los acontecimientos alto peruanos afecten duramente el tráfico
mular con el Alto Perú y el Perú, es erróneo asimilar la ganadería
bonaerense a los vacunos’’65, puesto que hacia fines del siglo XVIII, el
75% del metálico que Buenos Aires exportaba a Europa a través de sus
comerciantes era captado mediante los intercambios con diversos
mercados de las economías regionales y locales del Interior (por donde
circulaba la plata potosina)66. Sin dudas, en este período el principal
producto de exportación era, con diferencia, dicho metal.
Ahora bien, ¿por qué concebir a la estancia colonial rioplatense como
un establecimiento ‘‘mixto’’? Según las estadísticas, la gran mayoría de
dichas unidades productivas, en el siglo XVIII, poseían al menos una
herramienta útil para las prácticas agrícolas, o bien se han registrado cuantiosas recogidas de cereales (sobre todo trigo). Según estudios de
Garavaglia, el 42% de los inventarios presentaban trigo almacenado, y el
63% de los casos presentaban entre sus dominios trigo, arados y hoces 67,
lo cual es un importante indicio de presencia agrícola en las estancias, al
menos para el período 17511815. Si bien no corresponde directamente a
la periodización que se trata de analizar en este proyecto, puede ayudar
con algunas consideraciones aproximadas, y lo que puede asegurarse
aquí es que la ganadería y la agricultura no se desarrollaban en forma
aislada, sino que más bien se complementaban.
Otra gran problemática que surge entorno a estas organizaciones de
producción agropecuaria es el de sus orígenes. Carlos Mayo sostenía
que las estancias rioplatenses se originaron en el sistema de pastoreo
nómade a campo abierto que se fue organizando desde el siglo XVII,
fundado en la tendencia natural del ganado a reunirse en un lugar
determinado y a volver a él68. A su vez, planteaba que la estancia se fue
afirmando a medida que se iba agotando el ganado cimarrón, y la cría
fue imponiéndose por sobre la caza69. Fradkin argumenta, por su parte,
que ‘‘la cría de ganado vacuno no vino a suplantar a las vaquerías sino
que empezó desde épocas tempranas’’70. Pero, ¿qué dicen las fuentes
sobre todo esto? En 1738 se ordenó a Juan de Rocha, encargado de las
recogidas de ganado en la Banda Oriental, que recogieran, contaran y
trajeran 20.000 cabezas para el abasto de la ciudad 71, lo cual hace
mención de una importante diferencia con las vaquerías ‘‘tradicionales’’
por un lado, y por el otro de una gran cantidad de ganado disponible no solo para el abasto sino también –posiblemente para repoblar las
estancias de la Banda Occidental del Plata.
Las recogidas de ganado y la conformación de ‘‘haciendas’’
Según Mayo, ‘‘la actividad acaso más característica de la estancia
colonial eran las recogidas periódicas. Una vez parado el rodeo, el
ganado debía permanecer reunido unas dos horas. Las vacas que
acababan de dar a luz no debían ser recogidas hasta que sus terneros se
endurecieran. Además, el ganado tenía que ser vigilado, rondado’’ 72. De
hecho, durante la primera mitad del siglo XVIII, era normal que se
denominara ‘‘estancia’’ o ‘‘hacienda’’ a las agrupaciones de ganado que
resultaban de las recogidas. Por ejemplo, en 1748, se presentó ante el
Ayuntamiento de Buenos Aires un expediente en el cual algunos
vecinos de Santa Fe pedían permiso para trasladar sus ‘‘haciendas’’ con
todos sus ganados hacia los poblados de San Nicolás de los Arroyos, por
el peligro que representaban los ‘‘indios’’. El Cabildo aprobó dicha
petición con la condición de que sirvieran con sus ganados para el
abasto de la ciudad73. No se menciona ninguna de las características de
la estancia ‘‘típica’’, pero en el documento se explica que los animales
que tenían los vecinos de Santa Fe habían sido sacados de la jurisdicción
capitular de Buenos Aires74. Anteriormente, en 1746, los cabildantes
habían dado licencia a los mismos para que llevaran a sus tierras en
Santa Fe unas 9.000 cabezas de ganado que habían sido recogidas en los
campos bonaerenses75. Es decir, que las ‘‘estancias’’ o ‘‘haciendas’’ de los
pobladores de Coronda (Santa Fe) habían nacido, según el mismo Cabildo y sus representantes, como resultado de los vacunos y equinos
(téngase en cuenta que las recogidas de ganado no solamente eran de
bovinos) juntados y agrupados en la campaña de Buenos Aires76, para
ser trasladados hacia dichos pagos. Para citar otro ejemplo, ese mismo
año, se les dio licencia a los miembros del Colegio de Santa Fe
(perteneciente a la Compañía de Jesús), para que poblaran sus estancias
con 1.000 cabezas de ganado de Buenos Aires77.
Con respecto a la propiedad del ganado, se puede encontrar bastante
temprano –en el tiempo en los documentos de esta época. En 1723 se
hizo mención de la posesión de 12.000 cabezas de ganado por parte de
doña Gregoria de Herrera78; ese mismo año, se presentó una petición del
Capitán Diego de Santana, en la que exclamaba que se le reintegraran 96
vacas que había otorgado para las expediciones de la campaña 79; en
1726, don Santiago dio razón de 6.000 vacas que le pertenecían 80. En
1739, el Alcalde de segundo voto fue nombrado como diputado para
solicitar las piezas de artillería y armas que se necesitaban para una
expedición, más un total de 2.500 vacas, las cuales se sacaron de los
vecinos criadores de ganado81, quienes seguramente fueran propietarios
de dichas cabezas. Un año más tarde, el Municipio trató sobre la
necesidad de animales en los nuevos poblados que se estaban por formar cerca de los pagos de Magdalena y La Matanza, y acordó que era
preciso pedir una limosna de vacas y ovejas en las estancias de la
jurisdicción para la nueva población. Se mandó a informar al
Gobernador para que diera orden a los comisionados de los partidos
para que pidieran dichos ganados, en primera instancia los de los
pueblos mencionados, por ser los más cercanos al nuevo paraje 82. Si bien
estas fuentes no dicen demasiado acerca de la organización interna de
las estancias (mano de obra, cifras exactas de los animales criados,
presencia de la agricultura, etc.), se pueden extraer en limpio algunas
aproximaciones importantes:
a) Por lo menos desde 1723 había en Buenos Aires vecinos
propietarios de considerables cantidades de ganado vacuno, como los
casos mencionados de doña Gregoria de Herrera, Diego de Santana y
don Santiago. En 2 de los 3 casos, las cifras van entre 6.000 y 12.000
cabezas, mientras que el restante dice haber colaborado con 96 animales
para abastecer a las expediciones recogedoras de la campaña, lo cual
invita a pensar que esa cantidad en realidad representaba un número
pequeño en comparación a su propiedad total. Vale la pena aclarar que
los recogedores y sus acompañantes necesitaban provisiones para
alimentarse durante las semanas o meses que pasaban recorriendo los
campos. En los otros ejemplos, se ve como se pedía ganado para usar
como alimento y transporte durante dichas recorridas. El mismo era
solicitado por los comisionados de los partidos a los ‘‘criadores’’ de los
distintos pagos, y si bien no hay cifras demasiado precisas, se hallaron
casos en los cuales las cantidades solicitadas no eran para nada
despreciables. Por ejemplo, las 2.500 vacas pedidas por el Alcalde de
segundo voto a los vecinos en 1739.
b) Aún hacia mediados de siglo, existía en realidad un alto grado
de dispersión del ganado y la propiedad de la tierra no estaba bien
delimitada. Hay que suponer que esto se daba principalmente en las
zonas de frontera cercanas a los territorios dominados por los
aborígenes, como en el caso de los vecinos de Coronda que pidieron
trasladas sus ‘‘haciendas’’ hasta San Nicolás de los Arroyos. Por ese
inconveniente, el Cabildo designó comisionado a Bernardino del Pozo,
para que registrara quiénes se trasladarían, cuándo y con qué cantidad
de ganado, ‘‘para que se execute con la mayor exactitud’’83. En este caso no
sería incorrecto asegurar que el Cabildo actuaba activamente en las
recogidas y el traslado de los mismos.
c) No se debe descartar la posibilidad de que algunas de las
estancias de aquel entonces hayan surgido a partir de las recogidas
organizadas desde la extinción de las vaquerías ‘‘tradicionales’’. Esto
puede apreciarse en los casos mencionado de los vecinos de Coronda y
los jesuitas de Santa Fe que formaron sus ‘‘haciendas’’ con ganado
recogido que les fue asignado por el Ayuntamiento en 1746. De esta
forma, ‘‘más que como verdaderas estancias de cría de ganados muchas
de estas tierras eran como campos para efectuar faenas de cueros o
recogidas de ganado’’84, al menos hasta mediados de siglo. Sin embargo,
también se hablaba de estancias cuando se hacía mención a los
establecimientos productivos de mayor importancia, por ejemplo
cuando se trataba sobre las limosnas en ovejas y vacas que se pidieron
para abastecer los nuevos poblados que se estaban formando en La
Matanza y Magdalena (1740), lo cual hace pensar que esos vecinos eran
propietarios de importantes cantidades de ganado, al menos suficientes para alimentar a un considerable número de personas. Existen más
datos sobre la conformación de grandes estancias en otras fuentes, como
por ejemplos los padrones del año 1744 analizados por José Luis Moreno
en uno de sus artículos, en los cuales se registraron 57 grandes
propietarios con un total de 43 unidades productivas bajo su dominio85.
Esto muestra, junto a las descripciones de los propios cabildantes y
funcionarios, que para esa fecha ya existían en la campaña grandes
estancieros, aunque predominaran claramente las pequeñas y medianas
explotaciones: ese mismo año de 1744 se registraron 477 medianos y
pequeños propietarios, con un total de 481 unidades productivas 86,
superando ampliamente en número a las más extensas.
Conclusiones
Luego de analizar varios documentos para el período 17231750, e
intentar contrastarlos con el material bibliográfico seleccionado, no se
pueden establecer afirmaciones totalmente seguras, por varias razones.
En primer lugar, debido a la dispersión y el deterioro de las fuentes
(sobre todo las correspondientes al Archivo del Cabildo), se hace muy
difícil conformar datos y series estadísticas. La idea principal de este
artículo consistía en analizar esas fuentes ‘‘oficiales’’ (pertenecientes al
Cabildo de Buenos Aires) y ver qué decían respecto a dicho organismo y
sus funciones en el marco de una economía rural basada sobre todo en
la explotación de la tierra y los ganados para diversos fines (producción
de alimentos, efectos comerciables –grasa, sebo, carne, cueros, etc.) y
productos de exportación (fundamentalmente pieles de toro). Con
respecto a todo ello, puede llegarse a algunas concusiones:
1) El Cabildo de Buenos Aires desempeñaba un papel activo en las
vaquerías y recogidas de ganado. De hecho, se pueden encontrar
tempranamente acciones en torno a las mismas. Por ejemplo,
nombrando accioneros sobre el ganado vacuno cimarrón desde
comienzos del siglo XVII. Pero a medida que las vaquerías se fueron
agotando en esta región, comenzaron a ser reemplazadas por las
recogidas de ganado alzado o semisalvaje, perteneciente a los vecinos, el
cual se dispersaba por los campos buscando agua y mejores alimentos.
La situación era radicalmente distinta en el área rural de Colonia del
Sacramento (en la Banda Oriental, aunque perteneciente a la jurisdicción
capitular porteña), en donde todavía abundaba el ganado cimarrón
hasta por lo menos mediados de la centuria. El mismo era empleado
para hacer faenas o para ser reunido y organizado, y posteriormente
traslado a las estancias de la Banda Occidental. El Ayuntamiento
nombraba encargados de las recogidas, como en el caso del ya
mencionado varias veces Juan de Rocha (encargado de encabezar las
expediciones en 1726, 1734 y 1738). Éstos debían juntar vecinos para las
recorridas, controlar las marcas y conteos del ganado, las faenas y
traslados, etc. A su vez, no era extraño que los alcaldes nombraran
comisionados para evitar cualquier tipo de irregularidades en este
proceso, sobre todo relacionadas a las marcas y los hurtos.
2) En cuanto a los intereses que tenían el Gobierno Municipal y los
habitantes en estas prácticas, se pueden mencionar algunos: la
extracción de carne y otros géneros para el abasto de la ciudad y las
poblaciones locales (grasa, sebo y sus derivaciones), y la elaboración de
cueros para exportar. Como se vio antes, los cabildantes mandaban a
pregonar el abasto de carne de la ciudad, y lo hacían remate público
mediante, eligiendo al vecino que hiciera la mejor postura. También se enfocaban, cuando lo veían necesario, de fijar los precios de los
productos destinados al mercado local, y lo mismo sobre los cueros que
se iban a cargar en los registros españoles o navíos británicos. En pocas
palabras, se trataba de un órgano político al menos influyente en las
prácticas productivas rurales de su jurisdicción, lo cual era importante
para el sistema colonial en sí. De hecho, los cueros fueron durante todo
el período colonial un producto de exportación muy significativo,
aunque relegados, con diferencia, por la plata altoperuana, la cual
constituía el 80% de las exportaciones rioplatense durante todo el siglo
XVIII87.
3) Otro aspecto que se ha tratado de analizar con respecto a la
economía rural, fue la utilización las tierras, la cual era muy diversa,
yendo desde el cinturón de quintas y chacras que rodeaban la zona
comercial hasta las grandes propiedades ‘‘mixtas’’, en las cuales
predominaban la ganadería vacuna, equina y mular, complementarias
con la agricultura del cereal, el cual era destinado fundamentalmente al
mercado local debido a los costos del transporte 88.
4) Asimismo, se debe agregar en este tramo del trabajo que
algunos conceptos pueden dar lugar a confusiones. Según las fuentes
que se utilizaron en este escrito, solía denominarse como ‘‘estancias’’ o
‘‘haciendas’’ no solamente a las grandes organizaciones territoriales
productivas, sino también al pastoreo de ganados recogidos que tendían
naturalmente a agruparse en determinadas regiones. En los casos
tratados, como el de los vecinos de Santa Fe y los miembros de la
Compañía de Jesús entre 17461748, el origen de sus ‘‘haciendas’’ estaba
en el ganado recogido en otras áreas rurales de la jurisdicción, el cual usaron para repoblar sus tierras. Otro término bastante dudoso es el de
‘‘vaquerías’’, que en los documentos anteriores a 1723 hace referencia,
según lo que se describe en la campaña bonaerense, a las expediciones
grupales que salían a matar ganado salvaje para sacarle el cuero,
desperdiciando la mayor parte de la carne; por otra parte, desde
mediados de la década de 1720 se puede ver, al menos en los casos
tenidos en cuenta, que se mencionan como ‘‘vaquerías’’ a las recogidas
de ganado que, realizadas mayoritariamente en las zonas rurales de
Colonia del Sacramento, eran organizadas por iniciativa del Cabildo y
los ‘‘vecinos criadores’’ de Buenos Aires. Las mismas estaban destinadas
al abasto de carne (y otros géneros), la producción de cueros, y la
conformación de ‘‘haciendas’’. Como ya se ha concluido líneas más
arriba, el Cabildo de la ciudad de Buenos Aires estaba, durante la
primera mitad del siglo XVIII, muy lejos de la pasividad en este
sentido.
Bibliografía
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Fuentes
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Archivo General de la Nación. Archivo del Cabildo de Buenos Aires, 1921, 19
22 y 1923.
Notas
1 El presente artículo es parte del trabajo final de la Especialización en Ciencias
Sociales con mención en Historia Social, de la Universidad Nacional de Luján
(UNLu).
2 Profesor en Historia, egresado de la Universidad de Morón (UM) en el año
2012. Especialista en Ciencias Sociales con mención en Historia Social.
Actualmente cursa la Maestría en Ciencias Sociales con mención en Historia
Social en la Universidad Nacional de Luján (UNLu).
3 Los autores están haciendo referencia a las Reformas Borbónicas, y los cambios
producidos por las mismas desde el último tercio del siglo XVIII.
4 GARAVAGLIA, Juan Carlos; GELMAN, Jorge (2003). ‘‘Capitalismo agrario en
la frontera de Buenos Aires y la región pampeana en el siglo XIX’’ en Historia
Agraria, Nº 29, p.107.
5 Se hace referencia al sistema económico capitalistamercantil, en este caso bajo
la administración colonial.
6 MAYO, Carlos (2004). Estancia y sociedad en la pampa (1740-1820). Buenos Aires,
Editorial Biblos, p. 24.
7 GARAVAGLIA, Juan Carlos (1999). Pastores y labradores de Buenos Aires. Una
historia agraria de la campaña bonaerense 1700-1830. Buenos Aires, Ediciones de la
flor, p. 38.
8 GARAVAGLIA, J.C. (1999). Op. Cit., p. 37.
9 Desde su fundación (1580) hasta la formación del Virreinato del Río de La Plata
(1776), la jurisdicción del Cabildo de Buenos Aires pertenecía a los dominios del
Virreinato del Perú, con capital en Lima.
10 GARAVAGLIA, J.C. (1999). Op. Cit., p. 38.
11 GARAVAGLIA, J. C.; GELMAN, J. (2003). Op. Cit., p.108.
12 BARBA, Fernando Enrique (2007). ‘‘Crecimiento ganadero y ocupación de
tierras públicas, causas de conflictividad en la frontera bonaerense’’ en Revista
ANDES, Nº 18, Universidad Nacional de Salta, p.1.
13 MAYO, C. (2004). Op. Cit., p. 27.
14 BIROCCO, Carlos (2003). ‘‘Alcaldes, capitanes de navío y huérfanas. El
comercio de cueros y la beneficencia pública en Buenos Aires a comienzos del
siglo XVIII. Trabajo presentado en AUDHE, III Jornadas Internacionales de
Historia Económica, Montevideo, Uruguay, p.1.
15 HARARI, Emilio Fabián (2003). ‘‘Las vaquerías a comienzos del siglo XVIII:
una aproximación desde el marxismo’’. Trabajo presentado en AUDHE, III
Jornadas Internacionales de Historia Económica, Montevideo, Uruguay, p.2.
16 BIROCCO, C. (2003). Op. Cit., Ibídem.
17 HALPERÍN DONGHI, Tulio (2010). Historia contemporánea de América Latina.
Buenos Aires, Alianza Editorial, p.41.
18 BARBA, F.E. (2007). Op. Cit., Ibídem.
19 CONI, Emilio (1979). Historia de las vaquerías en el Río de la Plata. Buenos Aires,
Platero, p.24.
20 HARARI, Emilio Fabián (2002). ‘‘En busca del sujeto de la Revolución de
Mayo: las vaquerías en Buenos Aires a comienzos del siglo XVIII’’ en Razón y
Revolución, Nº 10, p. 3.
21 Archivo General de la Nación (AGN), Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos
Aires (AECBA), Serie II, Tomo V, p. 59.
22 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V, p. 214.
23 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V, p. 410.
24 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V, p. 652.
25 Para este período, Sana Fe y algunos territorios rurales de la Banda Oriental
pertenecían a la jurisdicción del Cabildo de Buenos Aires.
26 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V, p. 636.
27 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V, p. 533.
28 Se hace referencia a las zonas rurales de los pagos pertenecientes a la
jurisdicción del Cabildo de Buenos Aires que estaban ubicados al oeste del Río
de la Plata. Por ejemplo, los pagos de Magdalena, Matanza, Areco, etc.
29 GARAVAGLIA, J.C. (1999). Op. Cit., p. 216.
30 Para no ser reiterativo, se ha optado en este trabajo por utilizar diferentes
sinónimos de Cabildo: Ayuntamiento, Municipio, Concejo, etc.
31 AGN, AECBA Serie II, Tomo V, p. 686.
32 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V, p. 620.
33 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VII, p. 278.
34 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VIII, p. 19.
35 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V, p. 424.
36 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V, p. 338.
37 El Real Asiento de Gran Bretaña era una compañía comercial británica, que se
destaca en estos documentos como compradora de cueros.
38 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V, p. 117.
39 AGN, AECBA, Serie II, Tomo IX, p. 247.
40 AGN, Archivo del Cabildo de Buenos Aires (ACBA), 1932, p.188.
41 AGN, ACBA, 1922, pp. 16 y 17.
42 AGN, ACBA, 1932, p. 302.
43 AGN, ACBA, 1932, p. 303.
44 AGN, ACBA, 1932, p. 117.
45 GARAVAGLIA, J. C. (1999). Op. Cit., p. 216.
46 Se da empleo a este término entre comillas para distinguir a las cacerías de
ganado destinadas casi exclusivamente a la extracción de los cueros, de las
recogidas de ganado mencionadas por el Cabildo desde 1723.
47 BIROCCO, C. M. (2003). Op. Cit., Ibídem.
48 Ibídem.
49 Se hace referencia al Gobernador y Capitán General de Buenos Aires.
50 La expresión ‘‘la otra banda de este río’’ hace referencia a los territorios
ubicados al este del Río de la Plata, los cuales también formaban parte de la
jurisdicción capitular de Buenos Aires.
51 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V, p. 597.
52 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VII, p. 106.
53 Las palabras del Procurador General fueron citadas textualmente como
aparecen en la fuente.
54 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VII, p. 446.
55 Las palabras del Procurador General fueron citadas textualmente como
figuran en el documento original.
56 Ver los Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires correspondientes a
este período.
57 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VII, p. 170.
58 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VII, p. 364.
59 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V, pp. 120-122.
60 GARAVAGLIA, J.C. (1999). Op. Cit., p. 131.
61 GARAVAGLIA, Juan Carlos y FRADKIN, Raúl (2009). La Argentina colonial. El
Río de la Plata entre os siglos XVI y XIX, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, p.
96.
62 FRADKIN, Raúl (2000). ‘‘El mundo rural colonial’’ en TANDETER, Enrique
(Director). Nueva Historia Argentina. La sociedad colonial, Tomo II, Buenos Aires,
Editorial Sudamericana, p. 273.
63 MAYO, C. (2004). Op. Cit., p. 40.
64 GARAVAGLIA, J. C. (1999). Op. Cit., Ibídem.
65 Ibídem, p. 142.
66 GARAVAGLIA, J.C.; FRADKIN, R. (2009). Op. Cit., p. 87-88.
67 GARAVAGLIA, J.C. (1999). Op. Cit., p. 176.
68 MAYO, C. (2004). Op. Cit., p. 39.
69 Ibídem.
70 FRADKIN, R. (2000). Op. Cit., p. 271.
71 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VII, p. 446.
72 MAYO, C. (2004). Op. Cit., p. 50.
73 AGN, ACBA, 1923, página sin numeración.
74 AGN, ACBA, 1923, Ibídem.
75 AGN, ACBA, 1923, p. 450.
76 El documento no lo dice explícitamente, pero probablemente se tratara de
ganado reunido en la Banda Oriental, es decir, proveniente de los territorios que
correspondían a la jurisdicción del Cabildo porteño. Esto puede deducirse
porque la mayoría de las recogidas importantes de esta época se hacían en
dichos pagos.
77 AGN, ACBA, 1923, p. 451.
78 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V, p. 114.
79 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V, p. 57.
80 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V, p. 657.
81 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VIII, p. 70.
82 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VIII, p. 136.
83 AGN, ACBA, 1923, página sin numeración.
84 FRADKIN, R. (2000). Op. Cit., p. 263.
85 MORENO, José Luis (1989). ‘‘Población y sociedad en el Buenos Aires rural a
mediados del siglo XVIII’’ en Desarrollo económico, Volumen 29, Nº 114, p. 271.
86 Ibídem.
87 HALPERÍN DONGHI, T. (2010). Op. Cit., p. 40.
88 FRADKIN, R. (2000). Op. Cit., p. 273.


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